Sigue la deuda con los moriscos-andalusíes



Los moriscos-andalusíes no han sido reconocidos con el Premio Príncipe de Asturias a la Concordia. Paradójicamente, ha sido Manos Unidas, ONG católica,  la entidad que se ha alzado con el reconocimiento, a propuesta de la Conferencia Episcopal,  que recogerá sus 500 mil euros en el Hotel de la Reconquista, situado en Oviedo.  En Asturias comenzó la Conquista Cristiana (y no Reconquista) que 700 años más tarde culminaría su objetivo en el Reino de Granada.  Instalaría el dolor, la persecución y las conversiones forzosas al cristianismo. Donde hubo convivencia y tolerancia  dejó de haberla.  Esa es nuestra historia.
Y no eran árabes (que es un término geográfico y no religioso), eran españoles. Españoles musulmanes. Pero también judíos y gitanos. El nuevo Estado español borró todas las huellas de diferencia y extendió la uniformidad lingüística, cultural y religiosa. Así se creó  nuestra nación española. Y de ese pasado nos seguimos nutriendo hoy. Ahí es donde nacieron las dos Españas. La que cree que la diferencia nos hace mejores y, otra, la que cree que una nación sólo se puede construir sobre la uniformidad, el extermino y la expulsión de la diferencia.  
Hubiera estado bien que los descendientes de los moriscos andalusíes (musulmanes que fueron obligados a la conversión cristiana tras el triunfo de los Reyes Católicos) hubieran sido resarcidos del holocausto cristiano, que ejercieron “nazis con sotanas”, en palabras de Antonio Manuel. Hubiera estado bien que hubiéramos hecho una inflexión en nuestra historia, en el escondite más lejano de nuestra memoria. Que nos hubiéramos perdonado, al fin y al cabo, entre españoles. Porque aquellos expulsados no eran extranjeros. Eran españoles musulmanes, que nos legaron parte de lo que somos. Nuestra identidad no es completa sin ellos, como no lo es sin los romanos, sin los visigodos, y sin todos los habitantes y culturas que encontraron en este trozo de tierra, llamado España, su lugar en el mundo.
No obstante, sólo por el hecho de deconstruir la historia de este Estado-Nación, que aprendimos en la escuela equivocadamente de manera deliberada  y que la catequesis se encargó de reforzarnos en nuestro disco duro, y conocer los entresijos de nuestro árbol genealógico,  el esfuerzo de los promotores de la iniciativa ha sido útil. Este intento de recuperar nuestra memoria ha sido, al menos en mí, lo más parecido a descubrir una caja de galletas suizas repletas de fotos familiares antiguas, en blanco y negro,  e ir esbozando en el alma el contorno facial de tu madre, de tu padre, de tu abuela, de tus primos lejanos, etc. Con esta iniciativa, trabajada por muchos andaluces y andaluzas, no podremos, de momento, celebrar el reconocimiento a nivel social y público a la huella morisca,  pero nuestro álbum de fotos familiares se ha enriquecido porque hemos completado los detalles físicos y emocionales que no tenían las fotos de nuestros antepasados. Hoy sabemos, más que ayer, de dónde venimos y quiénes somos. Hemos enriquecido nuestra memoria de adornos físicos y emocionales que creímos no poseer. Nos hemos encontrado con una herencia familiar que nunca creímos ser dueños de ella. Hemos empezado a escribir la historia, pero esta vez, sin mentiras, sin buenos ni malos, sin moros, ni cristianos, ni marranos.  Se ha iniciado la reconstrucción de nuestra memoria colectiva como país.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Hemos enriquecido nuestra memoria de adornos físicos y emocionales que creímos no poseer. Nos hemos encontrado con una herencia familiar que nunca creímos ser dueños de ella. Hemos empezado a escribir la historia, pero esta vez, sin mentiras, sin buenos ni malos, sin moros ni cristianos. Se ha iniciado la reconstrucción de nuestra memoria colectiva como país.

pilar távora dijo...

Hemos ganado en dignidad, en recuerdos, en memoria, en concordia. Hemos iniciado la llama del reconocimiento de nuestros antepasados moriscos: levantinos, murcianos, aragoneses, andaluces... una llama que arderá ya por siempre sin que ninguna lluvia de olvido y ocultación la apague. Hemos ganado en verdades y en la reconstrucción de una historia - la nuestra- que nos robaron. Hemos gritado a los cuatro vientos que seguimos aqui, que fracasaron, que los desterrados andan corriendo por nuestra sangre y nuestra piel
El Premio se queda en la Iglesia y en el hotel Reconquista. Me hubiese gustado que , precisamente este año, lo hubiese ganado otra institución y en el Hotel Maimonides, por ejemplo, pero quizás la simbología no sea mala cosa para alertarnos de que tenemos que seguir firmemente y sin descuidos en este camino. Ha sido una extraordinaria experiencia y hemos vivido momentos inolvidables. Gracias a todos los que han hecho esto posible.

Anónimo dijo...

Os noto raros. ¿Os pasa algo? No hay que abusar de la noche...

Anónimo dijo...

Gracias. Me emociona tu emoción... Ha servido para algo. Gracias

Antonio Manuel

Anónimo dijo...

El pasado es, al fin y al cabo, pasado y no vale la pena la añoranza. Somos lo que somos, no lo que fuimos, y en nuestras manos está lo que seremos. No sabemos lo que hubiéramos sido si hubiésemos seguido bajo la égida musulmana, pero viendo el mundo actual parece que algo hemos avanzado. Sigue el problema de las religiones, todas tamn celosas que condicionar la convivencia cívica, pero esa tarea de laicidad nos corresponde hoy para despejar el futuro de sombras supersticiosas. Es decir, más que el pasado, tenemos tarea para el futuro. En cualquier caso, me gusta tu artículo, Raúl.
Un compañero babeliano.

emilio dijo...

Un saludo desde Euroblog!

Víctor Pérez dijo...

Muy buen blog. Apoyo tu visión del mundo y me solidarizo con tus reivindicaciones. Suerte desde http://nosabesloquetepierdes.blogspot.com