Otro modelo económico se está gestando en tu barrio

Para dar a conocer el otro mundo que está en marcha, los artesanos y microempresarios de los corralones sevillanos de Pasaje Mallol y la Plaza del Pelicano han abierto, este fin de semana, sus talleres de orfebrería, forja, encuadernación, fotografía, arquitectura, danza, arte sacro, teatro o flamenco para mostrar que existe otra manera de salir de la crisis: con confianza, solidaridad, cooperación y cultura. No es una utopía, es una realidad que empezó hace más de una década y que se abre paso en medio del capitalismo salvaje.

Esta empresaria dona el 0,7% de sus beneficios a solidaridad .

"Soy tetrapléjica y tengo miedo de la austeridad"


Si se cumple la máxima que dice que “gobernar es hacer creer”, Viviane Reding, vicepresidenta de la Comisión Europea (CE), ha cumplido: serena, cercana, convincente, cálida, protectora, correcta, pedagógica e ilusionada con abrir las puertas de las instituciones europeas a la ciudadanía euroindignada. En el gaditano Oratorio San Felipe Neri, donde hace 200 años se promulgó la primera Constitución liberal española, tan poco interiorizada entonces por la población española como lejanas quedan hoy  para la población las instituciones europeas.


La vicepresidenta de la Comisión Europea pregunta 'Qué Europa queremos'


En el Oratorio de San Felipe Neri de Cádiz, en el mismo lugar donde se promulgó la primera Constitución española, Viviane Reding, vicepresidenta de la Comisión Europea (CE), abrirá mañana las puertas de las instituciones europeas para dar voz a los ciudadanos que tengan algo que decir sobre 'Qué Europa queremos'. En un proceso novedoso, dinámico y participativo, haciendo uso de las redes sociales, la CE quiere estructurar un diálogo sereno y cívico que impulse el ahora cuestionado proyecto de integración europea.



Nacionalismos con colesterol


Ningún acontecimiento como el fútbol es capaz de levantar los instintos más primarios de la ciudadanía. Aficionados que lloran la muerte de sus ídolos, como si de su propio padre se tratara, que acuden a repudiar al presidente de su club como si en ello le fueran las libertades democráticas o esfuerzos económicos notables para no perder el número de abonado, que es un pedigrí si el número de socio guarda solera.
NACIONALISMO COLESTEROL

Apuntes en defensa propia


Hoy he tirado los apuntes de las asignaturas aprobadas de Periodismo, todas menos seis. La pena y la añoranza  aumentaban a medida que iba metiendo en la bolsa los que han sido los cuatro años más felices de mi vida. Siempre soñé con estudiar Periodismo pero nunca pensé que pudiera ser verdad.  Soñar con ir a la Universidad era demasiado para el hijo de una madre analfabeta y de un padre que apenas sabe escribir. Ninguno de mis hermanos  estudió más allá de la EGB, por lo que se avecinaba complicado que yo fuera a romper el círculo vicioso del fracaso escolar y trabajos duros y precarios.



Más Europa en el Día de Europa


El sueño europeísta no pasa por su mejor momento. Ni en lo económico ni en lo emocional ni en lo político. Asistimos perplejos a la inacción de las instituciones europeas, incapaces de frenar las amenazas que nos acechan. Hoy, 9 de mayo, conmemoramos el Día de Europa en recuerdo del discurso que Robert Schumann, exministro francés de Asuntos Exteriores, pronunció en 1950: con la Declaración Schumann nació el principio de una Europa reconciliada, tras dos guerras fratricidas que destruyeron las almas y cuerpos europeos.


La vocación europeísta de los Padres Fundadores consiguió poner en común la producción del carbón y el acero de Francia y Alemania, como primer paso hacia la Unión. El romanticismo de la Comunidad para el Carbón y el Acero (CECA) puso en común las materias primas que, años atrás, sirvieron para la guerra. Schumann animó a levantar “una federación europea indispensable para la preservación de la paz”.
No obstante, con sus muchas luces y sombras, la Unión Europea sigue siendo una historia de éxito. Es el edificio más romántico que los europeos hemos edificado tras el fin de la II Guerra Mundial. Ningún espacio político mundial goza de un marco similar de respeto a los derechos humanos, bienestar social, igualdad y riqueza. Ya quisieran China, Brasil, India o Rusia una redistribución de la riqueza idéntica a la europea.
Esta situación privilegiada peligra si no modificamos nuestra estructura de veintisiete partes inconexas. La crisis del euro sería evitable si la moneda común estuviera respaldada por un verdadero Banco Central Europeo, con plenas competencias monetarias. La crisis de deuda no tambalearía los cimientos de la UE ni la felicidad de los ciudadanos del Sur, si fuéramos los Estados Unidos de Europa.
Los Estados europeos son presas fáciles para empresas y entidades financieras globalizadas. Ni el poderío alemán es suficiente para sortear los retos del futuro inminente en un mundo multipolar. De un 20 por ciento de la población mundial, en 1950; los europeos, pasaremos a representar sólo el 7 por ciento en 2050. China, superará a Estados Unidos en PIB, en sólo cinco años, según el FMI.  
No es casual que los chinos ya controlen el 97 por ciento de los “nuevos minerales” para tecnología, que se encuentran en África. O Europa aspira a competir con democracias o será sobrepasada por dictaduras “emergentes”, que en los derechos humanos y la igualdad sólo ven impedimentos para su desarrollo económico.
En política exterior, la UE es insignificante. Somos vistos como un continente de veintisiete partes irrelevantes para chinos, norteamericanos o latinoamericanos. Nuestra política energética es una lucha de intereses estatales que, además de cara e insostenible ecológicamente, no garantiza el suministro energético.
Somos líderes en derechos humanos plasmados en directivas, tratados y convenios internacionales, pero la Unión es tibia con Estados de la UE que legislan contra los derechos fundamentales y mantenemos acuerdos estratégicos, en el exterior, con enemigos de los derechos humanos; económicamente, hemos dejado atrás el optimismo especulativo y hemos caído en una eurodepresión que está condenado a la pobreza a los deficitarios europeos del sur.
La estrategia de integración ha quedado en vía muerta tras la fiesta de ingreso de los países del Este. La irrelevancia, cacofonía y falta de entusiasmo europeísta, de los líderes políticos de la UE, han esfumado la posibilidad de ingreso de Turquía, un Estado influyente en el mundo árabe que, en respuesta a la falta de respuesta de la UE, ha cambiado de aliados y ya no mira a Europa ni de reojo.
El Parlamento Europeo es el único parlamento del mundo sin iniciativa legislativa y lastrado a un segundo plano en el debate político. Las mujeres y hombres que gobiernan la Comisión Europea carecen de legitimidad democrática y son meros funcionarios nombrados a dedo por los jefes de Estado o presidentes de Gobierno de los Veintisiete. El Consejo está liderado por un líder, Van Rompuy, sin liderazgo y ninguneado por los Estados-nación.
La ciudadanía europea se aleja en lo emocional y en lo político del sueño de Robert Schumman. La ultraderecha gana la batalla a la convivencia y avisa de que lo que la UE, que nació para garantizar la paz social, se está convirtiendo en la mejor medicina para el ascenso de los populismos y la violencia contra el diferente.
A pesar de todo, la UE sigue siendo un sueño romántico para los que creemos que unir ciudadanos es más hermoso que anexionar Estados. La utopía paneuropea continúa mereciendo la pena. El europeísmo es hoy más imprescindible que nunca. Frente a la Europa de las identidades asesinas y del mercado común, hay alternativas para refundar otra Europa: humanista, solidaria, ética, federalista y sostenible en lo económico y ecológico.
Conmemorar la Declaración Schumann, 62 años después de su pronunciamiento, se convierte en un punto de inflexión en medio de esta eurodepresión. La UE, como institución política y sueño humanista, no es culpable de la gestión de sus gobernantes. Como tampoco el Estado autonómico español es responsable de la gestión que han hecho sus líderes. Hoy, como ayer, la defensa de la Unión Europea significa paz social, derechos humanos, prosperidad económica, solidaridad, humanismo y bienestar social. Unir ciudadanos y crear “solidaridades de hecho”, como expresó Schumann en 1950, sigue siendo un sueño romántico y digno de defender para conquistar el futuro de pasado mañana.
¡FELIZ DÍA DE EUROPA!

Ocho eurodiputados del PP y uno de CiU votan en contra de los DDHH de las personas LGTB


Ocho eurodiputados del PP y uno de CiU han votado en contra, en la última sesión plenaria del Parlamento Europeo (PE), de incluir a los derechos humanos de lesbianas, gais, transexuales y bisexuales dentro del 'Informe Anual sobre los Derechos Humanos en el mundo y la política de la UE al respecto'. A pesar de la oposición conservadora, la enmienda ha sido aprobada por 353 votos a favor, 268 en contra y 52 abstenciones.

La sevillana Teresa Jiménez Becerril fue una de las eurodiputadas que votó en contra


La modificación a la que se han opuesto los conservadores españoles elogia los esfuerzos de la UE “por introducir la variante de orientación sexual e identidad de género” en su política exterior y reclama a los Estados miembros que defienda la retirada de la transexualidad dentro del catálogo de patologías mentales de la Organización Mundial de la Salud (OMS), reivindicación unánime de los colectivos transexuales.

El texto aprobado insta a la Comisión Europea (CE) a que elabore un “hoja de ruta exhaustiva” contra la homofobia y la transfobia que aborde las violaciones de derechos humanos contra las minorías sexuales en el mundo. Asimismo, pide también a los Veintisiete que acepten las peticiones de asilo político a las personas LGTB que “huyan de la persecución” en países donde se persiga y criminalice la diversidad sexual.

Los diputados del PP que votaron en contra fueron Pilar Ayuso, Carmen Fraga, Teresa Jiménez-Becerril, Antonio López-Istúriz, Jaime Mayor Oreja, Juan Andrés Naranjo, José Ignacio Salafranca y Aleix Vidal Quadras. Por su parte, el eurodiputado de CiU que votó en contra de los derechos humanos LGTB es Salvador Sedó, miembro de Unión, el partido más conservador de la coalición electoral CiU.

Los eurodiputados del PP que están en contra de incluir a las personas LGTB dentro de la estrategia de defensa de los derechos humanos de la Unión forman el ala más conservadora de la delegación española del Partido Popular Europeo (PPE). En diciembre de 2011, ya se desmarcaron de la lucha mundial contra el sida. Son viejos conocidos del lobby ultracatólico que vota sistemáticamente en contra de las resoluciones del Europarlamento que son favorables a los derechos humanos de lesbianas, gais, transexuales y bisexuales. 

El renacer de la ultraderecha


El 20% de votos a Marine Le Pen, candidata ultraderechista, en las elecciones presidenciales francesas se suma al avance imparable de la extrema derecha en Europa. La ultraderecha ha encontrado en la desesperanza, el desencanto y el miedo instalado en las clases populares a su mejor aliado electoral. El Gobierno de coalición entre el centro-derecha y los ultraderechistas holandeses ha caído por la negativa de los ultras a aceptar la política económica germánica. Su salida del Ejecutivo holandés los sitúa al lado de los ciudadanos más castigados por las consecuencias de la crisis económica y la disciplina fiscal europea. Los sondeos le auguran más apoyo ciudadano.



El fantasma de la ultraderecha recorre Europa y repite consignas: no al euro, no a la UE, no a la inmigración, no a los rescates bancarios, islamofobia, identidad nacional para dividir y populismo para convencer. Incluso ha llegado a renovar su imagen de antimodernidad y  logrado un eje discursivo que conecta con la sociedad urbana.

Marine Le Pen no tiene reparos en defender el matrimonio entre personas del mismo sexo y en incluir a franceses procedentes de la inmigración como primeras espadas dentro del Frente Nacional. La ultraderecha gala es la formación a la que más votan los jóvenes , por encima del Partido Socialista, y su núcleo discursivo es compartido por exvotantes de la izquierda.

Nos equivocamos si pensamos que el renacer de la ultraderecha es gracias a un electorado sociológicamente xenófobo o ultraconservador. Los trabajadores de baja cualificación, los medianos funcionarios, los habitantes de barrios populares y los jóvenes no votan a la ultraderecha pensando en exterminar a la población extranjera. Lo hacen porque ven en los extremistas un mensaje desvergonzado, de odio contra la clase política y contra los dictados  económicos de Bruselas y Merkozy. 

El renacer de la ultradererecha está directamente imbricado con las decisiones políticas de Bruselas. Una ciudadanía perdida, condenada a la pobreza, sin esperanza laboral y desconcertada ante un mundo que se desmorona, sólo es capaz de encontrar chivos expiatorios para poner orden a su desconcierto mental y anímico. Las identidades asesinas de la ultraderecha son la respuesta a un proyecto europeísta que naufraga y que ha olvidado que nació para proteger a los europeos del fantasma de la ultraderecha, no para alentar el populismo.

El fantasma de la ultraderecha no se circunscribe exclusivamente a Francia. En Alemania, 12 escaños de los landers están ocupados por radicales de derecha; en Bélgica, los xenófobos de Vlaams Belang tienen una docena de diputados en el Parlamento Federal belga y ganaron las elecciones en la ciudad flamenca de Amberes (500.000 habitantes); En Cataluña, Josep Anglada estuvo a unos pocos votos de obtener representación en la Cámara catalana.

En Holanda, la extremaderecha tuvo un 15% de sufragios en las legislativas de hace 18 meses; En Hungría, son tercera fuerza parlamentaria; en Finlandia, los Auténticos Finlandeses tienen un 20% de apoyos; en Italia, son una institución en el norte; en Dinamarca, cuentan con 22 diputados y son tercer grupo parlamentario; en Grecia, los sondeos pronostican su irrupción parlamentaria en las próximos comicios helenos y en Suecia, la ultraderecha rompió el límite para acceder al legislativo sueco en 2010 y sentó a 20 parlamentarios.

La ultraderecha europea habla más idiomas que el francés. En medio de esta deriva ultraderechista, la UE tiene que preguntarse por qué el proyecto político que nació para convertir a Europa en un oasis democrático, de paz, igualdad y bienestar se está convirtiendo en el mejor aliado para el avance de la ultraderecha. El renacer de los populistas tiene más vinculación con la dictadura de los mercados, con el dogmatismo económico inhumano del neoliberalismo y con el déficit democrático de las instituciones europeas que con la xenofobia militante.

Los analistas franceses apuntan que más del 30% de los franceses que han votado a Marine Le Pen, en la primera vuelta, lo harán por Francois Hollande, candidato socialista, y otra gran parte del pastel, del voto ultraderechista, se quedará en casa y no votará a nadie. La ortodoxia germánica y la incapacidad política de la UE no sólo está desmantelando los Estados del Bienestar, la felicidad de los ciudadanos y el sueño primitivo de la construcción europea. Además, está contribuyendo a poner en peligro la convivencia, los valores democráticos y está alentando el renacer de la ultraderecha europea gracias al voto de las clases más castigadas y que han visto en la ultraderecha algo más que xenofobia.

De ciudadanos a clientes


Los actuales sistemas europeos de protección social surgieron tras la II Guerra Mundial, a merced de un pacto entre liberales y socialdemócratas. Los liberales renunciaron a su maximalismo ideológico, reducir el Estado a la nada; los socialdemócratas dejaron atrás el marxismo, aceptaron la democracia liberal y el libre mercado. Los liberales y democristianos aceptaron el Estado social y los socialdemócratas hicieron lo propio con el capitalismo. Resumidamente, y con muchos matices, así nació el modelo político europeo que estamos enterrando.


Como consecuencia de este pacto no escrito, Europa consiguió crear sociedades prósperas en las que la cuna no marcaba el destino. Al menos, no de manera irremediable. Ascendió de las alcantarillas de la desigualdad una gran clase media que hizo posible la paz social, altos parámetros de igualdad y espantó el fantasma de los conflictos bélicos. La universalidad de los servicios públicos fue la garantía de que las élites económicas no lucharían para derrumbar el sistema en el que ellos mismos estaban incluidos como usuarios.
Por su parte, las clases populares sentían que formaban parte de un todo. De un sistema que daba el mismo servicio al dueño de una industria siderúrgica alemana que al obrero español que emigró de la depresión económica del Franquismo. Este consenso fue fundamental para lograr los acuerdos que dieron lugar al nacimiento de lo que hoy conocemos como Unión Europea. No es casual que sea en el seno de la UE donde se está tramando el desmantelamiento del Estado social, ante la mirada atónita de una socialdemocracia que es incapaz de proponer una alternativa real que no sea exclusivamente la defensa a los ataques de la derecha.
De la actual eurodepresión, la socialdemocracia ha sido tan espectadora y ejecutora como los democristianos. ¿O acaso pensaron que el Tratado de Maastricht serviría para conservar el Estado del Bienestar? ¿O que el Pacto de Estabilidad del Euro incentivaría el crecimiento económico? ¿O que el Banco Central Europeo sería el banco del euro? Ningún líder europeo socialdemócrata esgrimió oposición alguna en los Consejos Europeos donde se firmó de qué manera saldríamos de la crisis. Es más, el socialista español Joaquín Almunia, vicepresidente de la Comisión Europea y responsable de Competencia, defiende unas tesis económicas tan radicales como las de la canciller alemana Ángela Merkel.
Ahora, con el estallido de la crisis de deuda y déficit, estamos contemplando que no todos renunciaron a sus fines últimos. La socialdemocracia sí se olvidó del marxismo. Sin embargo, ni liberales ni democristianos renunciaron a su modelo económico primigenio. Una vez caído el Muro de Berlín, fracasada la alternativa política al capitalismo, la derecha europea promocionó su ideología como la única posible. La socialdemocracia creyó que la reducción de impuestos al capital y rentas altas era de izquierdas y que, con ello, no peligraría jamás el pacto del Estado del Bienestar. De aquellos lodos nos llegan estos barros.
La crisis económica está siendo el subterfugio a través del cual la derecha económica está introduciendo sus máximas ideológicas. Que por supuesto no es el copago, ni subir las tasas universitarias ni recortar la protección social de las clases populares. La aspiración maximalista de la derecha económica es la total privatización de los sistemas sanitarios y educativos públicos. Reducir el papel del Estado para que únicamente vele por la libre competencia y la seguridad policial. Ni más ni menos que convertir a los ciudadanos en usuarios de las empresas privadas, a las que sí defenderá el Estado.
El copago es la primera puerta hacia el Estado asistencial que proyecta la derecha. Comienzan por dividir a los ciudadanos según su nivel de rentas. Adulterando el principio de igualdad que garantizan nuestros sistemas de protección social. En la enfermedad, nos diferenciaba el cuadro clínico, no el nivel de rentas; en la escuela pública, el hijo de un jornalero entraba por la misma puerta, usaba el mismo pupitre y tenía los mismos docentes que el hijo del señorito de su padre.
A partir de ahora, los desempleados, que no perciban prestación, sentirán la tiranía de una ideología que les hace rebajas en los medicamentos para que sientan que están siendo mantenidos por los pudientes. Los jubilados también estarán divididos entre no contribuyentes, pobres de solemnidad y capaces. Estos últimos se quejarán de ser los que están pagando los fármacos al resto de jubilados menos afortunados. Con lo que el conflicto social está servido y, como siempre, los culpables serán los pobres. Próxima estación: que sólo tenga acceso a la protección social quien la pueda pagar.
El copago persigue la ruptura del pacto social de la Europa de posguerra. Por el que la financiación de los servicios públicos estaba asegurada gracias a un sistema fiscal justo y progresivo. El Estado social, que según el dogma sin alma de la derecha europea “no nos podemos mantener”, no morirá por la crisis económica. Ni porque sea insostenible su financiación. El fallecimiento de la igualdad morirá porque la derecha ha encontrado en la crisis el arma para destruir un sistema que aceptó por pragmatismo histórico, no por convencimiento de que es socialmente insostenible convertir a los ciudadanos en clientes.

Ni familia ni real

La fotografía del rey, delante de un elefante asesinado por manos reales, es la imagen de la crueldad, de la ostentación del poder y de la impunidad de la que goza una institución tan poco democrática como incomprensible en pleno siglo XXI. De no haber sido por el accidente del rey, no nos hubiéramos enterado de que es aficionado a la caza de animales en riesgo de extinción a costa del erario público. Tampoco hubiéramos tenido noticias de que la pose de familia ejemplar es la escenificación artificial de una estirpe que no tiene nada de modélica ni de familia ni de real.


Los cuernos de marfil nos han permitido descubrir más cuernos en una familia a la que se le mantiene para que, al menos, mantenga las apariencias. De no haber sido por el estallido informativo -en medios de comunicación fuera del establishment- no sabríamos que el rey tiene una amiga especial, aficionada a la caza de lujo y con contactos con la jet set mundial, que acude con él a más de un acto oficioso, en sustitución de la reina Sofía.

Nunca hubiéramos sospechado que Juan Carlos de Borbón no acudió a visitar a su nieto mayor a la clínica donde está hospitalizado, tras el accidente sufrido por jugar a un juego tan de niño de 13 años como son las armas de fuego; tampoco hubiéramos sabido que la reina pasa la mayoría de su tiempo en Londres, en compañía de su hermano Constantino; ni que los reyes son una pareja separada de hecho que mantiene la formas para no estropearle el reinado a su hijo Felipe.

Nadie se podía imaginar que quien ostenta la jefatura del Estado acudía a países pobres de solemnidad a cazar elefantes, a pesar de que Juan Carlos de Borbón es el presidente de honor de la ONG ambientalista WWF. Quién iba a pensar que la semana en la que la prima de riesgo española estaba desbocada, su majestad no estaría en su despacho del Palacio de la Zarzuela ejerciendo su obligación constitucional.

Quién iba a pensar que la reina no acompañaba a su marido a los viajes privados de éste, mucho menos después de que el último acto público de la Familia Real fuera la asistencia a la misa de Pascua, dando una imagen de familiar católica ejemplar. 

Otra sorpresa, gracias a la afición de Juan Carlos de Borbón a la caza de elefantes, es que el PSOE no valora los viajes privados del rey. La verborrea republicana, izquierdista y democrática, con la que el PSOE arenga a sus militantes en las Casas del Pueblo, ha quedado sepultada con el silencio infame que los socialistas guardan respecto a una actitud tan bochornosa como cruel. Apelan a la responsabilidad para no condenar una actitud tan irresponsable como inmoral.

Tampoco imaginé nunca que tendría que informarme a través de un periódico venezolano de que al rey se le vincula sentimentalmente con una princesa alemana. Ni que la RTVE fuera a recibir presiones para que no informe “más de la cuenta”. Ni que fuera a imponerme la autocensura al escribir este artículo, dada la condición de “inviolabilidad” de la que disfruta la institución monárquica en el ordenamiento jurídico español.

Tampoco hubiéramos pensado jamás que El País no informara  tal como se le presupone a una línea editorial progresista y que fuera El Mundo el que colmara las ansias informativas sobre los viajes antiéticos de su majestad.

La supuesta caída de Juan Carlos de Borbón nos deja más dudas que certezas, cuestiona la monarquía parlamentaria y la calidad de una democracia, construida sobre el miedo, que impide a los grupos parlamentarios de la izquierda preguntar en el Congreso de los Diputados cuánto, cómo, dónde y de qué manera se gasta el dinero público la Familia Real. 







Golpe de Estado contra la autonomía andaluza


El nacionalismo conservador ha salido del armario. Con la ayuda de la derecha centralista planean dar un Golpe de Estado al pacto constitucional de 1978 para expulsar a Andalucía del estatus de nacionalidad histórica. Con la música de fondo de la crisis de la deuda y la inestabilidad en los mercados financieros, Durán i Lleida no ha tardado en defender una España asimétrica en la que “sólo Cataluña, Euskadi, Navarra y Galicia” conserven la autonomía política. Para el resto de comunidades autónomas, el líder del partido más derechista, insolidario y cerril de Convergencia i Unió, aboga por “un grado mínimo de descentralización”.



Este affaire repentino que viven el nacionalismo catalán y la derecha española ha nacido como una entente estratégica para desmantelar las conquistas sociales a cambio de que el PP acepte una involución en el Estado Autonómico. La víctima, de esta relación peligrosa, será Andalucía. Por rebelde, indomable, vaga, subsidiada, deficitaria, izquierdista, equivocada e inconsciente. Por votar lo que no debía. Por romper el silencio de los vivos.

En Madrid, el secretario de Estado cuestiona las cuentas públicas de Andalucía sin dar datos concretos sobre la supuesta desviación del déficit que denuncia; en Bilbao, el PNV ataca la irresponsabilidad de Andalucía y llama a replantear el modelo de “café para todos” -achicoria para los andaluces-; en Barcelona, Duran i Lleida muestra su preocupación de que el café generoso deje a Cataluña sin café; y, como no, Rosa Díez, en su papel estelar de Isabel la Católica, denuncia en el Congreso de los Diputados que la estructura autonómica es “elefantística” y que “no hay vergüenza ni Estado capaz de soportar este modelo político”.

Por su parte, los ecosocialistas y comunistas de ICV se alían con Duran i Lleida al “café para todos” pero recuerdan que Baleares y la Comunidad Valenciana también tienen derecho al autogobierno porque tienen “lazos lingüísticos, culturales e históricos” con Cataluña. Además de los lazos enumerados, ICV tiene lazos electorales con los partidos nacionalistas baleares y valencianos que necesitan mantener ante una posible encontronazo con IU de cara a las próximas elecciones europeas.

Ni Navarra ni Baleares ni la Comunidad Valenciana conquistaron en la calle los máximos niveles de autogobierno; Andalucía, sí. Sin embargo, en este festival para reeditar la España autonómica no cabe Andalucía. Menos mal que ICV se define como federalista de izquierdas porque les ha faltado poco para expulsar a Andalucía del mapa autonómico.

Los enemigos del “café para todos” y achicoria para Andalucía quieren culpar a las autonomías del elevado déficit del Estado, a pesar de que es la Administración General del Estado la que ha incurrido en el doble de déficit que las comunidades autónomas. Lo que subyace en el fondo de este debate es la andalufobia que sufren los nacionalismos del norte y la derecha española. Quieren destruir nuestra conquista como pueblo porque nuestra comunidad es “artificial” frente a las “naturales”.

Tanto a CiU como al PP les molesta profundamente que Andalucía haya recobrado su peso en el Estado, votando en contra de lo esperado y diferente al resto de España. De ahí que cuestionen nuestra solvencia financiera basándose en rumores de las empresas que proveen de material sanitario a la Junta de Andalucía. De chiste si no fuera porque el objetivo que esconde la gracia es demasiado escabroso.

En esta Legislatura, los andaluces tenemos que organizarnos cívicamente para salir a la calle a reeditar la utopía del 4 de diciembre de 1977. Y para esta causa, necesitamos un Gobierno andaluz estable y firme ante las amenazas que atentan directamente contra la autonomía andaluza.

El andalucismo político tiene que volver a ser la vanguardia que encabece las aspiraciones de autogobierno del pueblo andaluz. Y, por supuesto, el andalucismo no puede ser otra cosa que de izquierdas. La guerra contra la autonomía andaluza no es por un simple concepto jurídico etéreo, sino contra la potente herramienta que los andaluces tenemos en nuestras manos para decidir de qué manera salimos de la crisis.

Que los ataques a la autonomía hayan comenzado, a cara descubierta tras las elecciones andaluzas no es por azar. La andalufobia de CiU y PP combaten nuestro autogobierno porque saben que es la puerta que nos permite salir de la crisis por la izquierda. 

No es la deuda pública


Nos han hecho creer, deliberadamente, que la crisis económica en la UE se debe a las abultadas deudas públicas y déficits de Portugal, Irlanda, Grecia, España e Italia. A los que la ideología que manda en Europa han denominado los Estados PIGS -cerdos, en inglés-. Nos han convencido de que el sistema de protección social no es sostenible porque genera una deuda pública insostenible. Los portavoces políticos de la deuda están encantados. Les sirve para su fin último: desamortizar el patrimonio de los pobres. Todos hablamos de la deuda, nos sentimos endeudados y estamos dispuestos a ser castigados por haber vivido por encima de nuestras posibilidades.


Sorprendentemente, en el año 2011, la deuda española fue ligeramente inferior que la de Alemania, Francia o Reino Unido. El total de la deuda en la Zona Euro (87,4%) está muy por encima de la deuda española. Es más, la deuda española(66%) es inferior que la de la Europa de los 27, que está en el 82,2%.
Sin embargo, la cura aplicada, entre el Banco Central Europeo (BCE), la Comisión Europea (CE y el Fondo Monetario Internacional (FMI), es la constreñir el gasto público para reducir una supuesta abultada deuda pública. Mientras tanto, los mercados siempre piden más: más recortes, más subidas de impuestos, más privatizaciones de servicios públicos, menos gasto social, etc…hasta conseguir que el Estado del Bienestar quede reducido al esqueleto. Ni más ni menos que se trata de aplicar las políticas neoliberales que comenzaron Thatcher y Reagan y que la Tercera Vía de Toni Blair se encargó de continuar para acabar con el Estado del Bienestar por principio.
Europa asiste aturdida a una crisis que tiene poco de financiera y mucho de política. En EEUU, los Estados de California, Illinois, Nueva Jersey y Florida -juntos constituyen más del 21% del PIB americano- estuvieron en grave riesgo de bancarrota. Sin embargo, a estos tres Estados estadounidenses los salvó la Reserva Federal -el Banco Central de EEUU-.
El dólar está dotado de una institución monetaria federal con la capacidad de emitir moneda para comprar deuda pública y evitar el acoso de los mercados a la deuda de los Estados americanos. Por su parte, el euro ni tiene Estado ni una Reserva Federal europea, por lo que los mercados saben que acosar a un Estado de la UE es fácil porque ninguna institución federal europea saldrá al rescate de ningún territorio europeo.
Ni la crisis de deuda de California, Illinois, Nueva Jersey o Florida ha puesto en jaque la viabilidad del dólar; la crisis de deuda de Irlanda, Italia, Grecia, Portugal o España sí ponen en entredicho el futuro del euro. ¿Por qué? Porque el Banco Central Europeo robó las competencias a los bancos centrales nacionales -que sí emitían moneda y compraban deuda pública- pero no actúa como un banco central. Eso sí, el BCE da crédito al 1% a los bancos privados para que éstos compren deuda pública europea al 5% de interés. Todo un negocio.
El BCE, con sede en la ciudad alemana de Frankfurt -no es casualidad su ubicación-, nació maniatado debido a que los líderes europeos no pensaron que ninguna moneda sobrevive sin Estado o sin una entidad que le dé soporte. En aras de instalar en Europa una política económica no intervencionista, la única competencia atribuida al BCE es la de controlar la inflación -que no puede superar el 2% anual- a través del control de los tipos de interés: esta es toda la política monetaria que sostiene al euro y a las economías de la Eurozona. Manifiestamente insuficiente a tenor de la realidad.
Nos están recetando unos medicamentos inadecuados a nuestra enfermedad. Reducir derechos laborales, reducciones salariales, congelación de sueldo a los funcionarios, menos gasto educativo y sanitario, adelgazamiento de la I+D, endurecimiento de las leyes penales para los disidentes que se atrevan a cuestionar la dictadura de los mercados, etc.
Este desenfreno de recortes porque “no hay más remedio” que nos está lastrando a la pobreza extrema europea, a la pérdida de nuestros garantías democráticas y al agotamiento del proyecto europeísta, que aun con todos sus errores sigue mereciendo la pena defender, sólo se solucionará con más Europa.
Si el BCE fuera un verdadero banco central, que diera respaldo financiero a las economías amenazadas por los mercados, los PIGS no serían tan cerdos y Europa ganaría en estabilidad política, económica y social. Si algo nítido nos está queriendo decir la crisis es que los Estados-nación europeos son insuficientes para garantizar la igualdad, la libertad y la protección social. Por lo que de esta crisis, que no es de deuda pública sino de insuficiencia política europea, no saldremos si la UE no se dota de mecanismos políticos para actuar como un escudo frente a los mercados.
El federalismo estadounidense ha demostrado que la deuda pública no es razón suficiente para que los mercados hagan temblar ni a un Estado americano ni a los mismos Estados Unidos de América. Al otro lado del Atlántico, nos debiera quedar claro que si queremos seguir siendo el continente que conocemos, preservar nuestro modelo social y ser relevantes en un mundo multipolar, que ha venido para quedarse, los Estados Unidos de Europa no pueden esperar más.