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Siempre nos quedará rezar


Si hay un recorte infame de todos los que el Gobierno central ha planteado como “necesarios”, sin duda, es el que afecta a la Cooperación al Desarrollo. Que no es otra cosa que el dinero que los Estados industrializados destinan a los países que sufren la brutalidad de un sistema económico que arbitra políticas medioambientales, sociales, económicas y comerciales para beneficio exclusivo y excluyente de una reducida parte del globo terráqueo.



Los Presupuestos Generales del Estado que ha presentado el Gobierno de Mariano Rajoy suponen la muerte para la cooperación española. Al brutal recorte del 72%, hay que sumarle el tijeretazo del Ejecutivo de Zapatero en mayo de 2010, la eliminación de facto de las partidas presupuestarias destinadas a la solidaridad internacional en la mayoría de las comunidades autónomas y el bocado que el PP metió a la conciencia en diciembre de 2011, nada más llegar a la Moncloa.

El resultado es que hemos pasado de ser la sexta potencia mundial en Cooperación Internacional a ser casi irrelevantes. Durante los años 2004-2009, nuestra aportación aumentó del 0,24 al 0,46%, mejorando ostensiblemente con respecto a los tristes años de José María Aznar en los que la Ayuda Oficial al Desarrollo era un jarrón chino en el Ministerio de Asuntos Exteriores. Con el zapaterismo creímos, incluso, que en 2012 podríamos llegar al 0,7% pero fue el mismo Zapatero quien nos alertó de la ingenuidad al reprogramar el objetivo para 2015. Con los PGE de este año, la quimera del 0,7% resulta inalcanzable.

Con el nuevo hachazo dado por el PP, España se vuelve a situar en los niveles de la época de Aznar y no superaremos ni el miserable 0,25%. Esto es que de cada 1.000 euros que el Estado gastará, sólo se dedicarán 2,5 euros a paliar la pobreza extrema que padecen más de 1.000 millones de almas en el mundo, es decir, para garantizar el acceso a agua potable, el derecho a la salud materno-infantil, a la lucha contra el sida, a la inclusión educativa o a proyectos agrícolas para fortalecer los paupérrimos sistemas productivos de los países empobrecidos.

Es más, los presupuestos de no pocos Estados se nutren básicamente de la aportación de la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD). Por lo que los ya débiles sistemas educativos, sanitarios e infraestructuras de muchos países se verán abocados a su cierre. Y muchos proyectos en marcha quedarán sin terminar, sin la financiación de los países ricos. Las Organizaciones No Gubernamentales para el Desarrollo (ONGD) no podrán continuar con sus planes de desarrollo en las áreas más subdesarrolladas de África, Asia, Pacífico, Caribe o América Latina.

La reciente crisis humanitaria, causada por una tremebunda sequía que ha matado de hambre a más de 500.000 personas, en el Cuerno de África será una broma para el horizonte que se avecina en el lado del mundo que sufre la consecuencias del capitalismo salvaje que salva bancos pero mata a seres humanos deficitarios. Además, en el último año han accedido a la categoría de famélicos 40 millones de personas que se han convertido en las víctimas inmediatas de la consecuencias de especular con los productos alimenticios mundiales.

Para humanizar los recortes, Intermón Oxfam ha puesto vida a los números. Según los datos aportados por esta ONGD, con 200 millones de euros se paga el sueldo de 100.00 matronas en África; cada matrona salva la vida a 219 mujeres al año. Con estos mismos 200 millones de euros, medio millón de infectados por el VIH puede recibir tratamiento en antiretrovirales y 100 millones de niños son vacunados contra el sarampión.

Una vez más, España reserva la solidaridad a tiempos de bonanza y excluye la responsabilidad ética con los lugares del mundo en los que más se padecen los desajustes del mundo capitalista. Siempre nos quedarán los rastrillos, los telemaratones y demás eventos ignomiosos para hacer ostentación de la riqueza a costa de “los pobres negritos”.

Con la infamia ejecutada por el Gobierno central, la cooperación española ha recibido un golpe mortal que amenaza los derechos humanos y la supervivencia de los más de 1.300 millones de seres humanos que viven en las esquinas planetarias. Y, desgraciadamente, la presión que puedan ejercer la ONGD no conseguirá ni que la sociedad ni los gestores públicos nos planteemos que no podemos salvar el capitalismo salvaje quedándonos sin conciencia. Siempre nos quedará rezar.

Desahuciados de la Europa del bienestar

Europa dice adiós a una ola de frío que ha dejado temperaturas de hasta -36º centígrados en el norte continental. Rusia o Bielorrusia han registrado las temperaturas más gélidas desde que existen registros históricos. Más de 800 muertos debido a las temperaturas que han  sacado de las cloacas informativas a los sin techo,  un colectivo abandonado y estigmatizado como pocos en el Viejo Continente.



No sólo ha habido muertos en países del norte de Europa que están fuera del club europeo de ricos. Dentro de los Veintisiete países que conforman la Unión Europea (UE)  han muerto más de 200 personas a consecuencia del frío.  Aunque es más preciso decir que los fallecidos son europeos sin techo.

Más de 3 millones de europeos se protegen del frío en las bocas de metros, en túneles, en casas acartonadas instaladas en las sucursales bancarias o, los más afortunados, duermen en algunos de los albergues que funcionan gracias a la solidaridad de las Organizaciones no Gubernamentales que operan en el  trozo del mundo que presume de ser un oasis de igualdad y respeto a los derechos humanos.

En medio de una grave crisis económica,  con 23 millones de parados, Europa mira con indiferencia a los europeos que han sido expropiados de su derecho a la vivienda. Muchos sin techos son nuevos pobres, expulsados de su paraíso terrenal por ser seres deficitarios. Las personas migrantes también padecen la sinrazón de un continente que avanza dejando atrás a las almas que más necesitan de la atención de las instituciones públicas.

Los Estados de Centroeuropa y del Este se llevan la peor porción de la tarta de la pobreza. En Polonia, Ucrania, Rumanía y Hungría se calcula que sólo la semana pasada han muerto más de 200 personas sin acceso a una vivienda con gas, electricidad o calor humano del que resguardarse del desprecio de sus congéneres.

Los nuevos sin techo europeos proceden de la terna de los 6 millones de desempleados que el sistema neoliberal ha expulsado del Estado del Bienestar.  Las políticas de  privatizaciones y adelgazamiento del Estado social con las que Sarkozy y Merkel obligan a Europa,  ha situado al 25% de los ciudadanos de la UE en riesgo de exclusión social y con todas las papeletas para pasar a engrosar las listas de pobres.

Las cifras de desheredados no es uniforme en todos los Estados de la UE. La pobreza también tiene dos velocidades. En Grecia, campo de experimentación de las medidas neoliberales en Europa, los pobres sin derecho a vivienda han aumentado en un 25%. 20.000 nuevos griegos duermen en las puertas de las mismas entidades financieras que los han echado de sus casas. 

Los desahuciados de la Europa de las oportunidades duermen en la puerta de sus desahuciadores  para que no olviden nunca quiénes son los nuevos poderes gubernamentales de esta UE que ha vendido su alma al diablo.   España también sueña en la puerta de los bancos. Más de 50.000 españoles, 20. 000 de ellos consecuencia de la crisis económica, no tienen cobijo donde protegerse del frío ni de la ignominia de un sistema económico que protege más a los capitales que a los seres humanos.

Por su parte, Alemania, el país que azota a los griegos, españoles, portugueses o irlandeses a abandonar la quimera del bienestar, ha reducido a la mitad el número de pobres sin techo al que mirar en la soledad de la noche:. Pobreza a dos velocidades. Y una Europa irreconocible para quienes pensamos que el sueño europeísta o será colectivo o no será.

Mientras Europa se muere de frío, los portavoces políticos de la ideología que desahucia a los ciudadanos, para mandarlos a dormir a la puerta de los mismos bancos desahuciadores, multan a los pobres porque les afean sus ciudades hipócritas. Europa se muere de frío y de inconsciencia.  Las olas de frío no matan, mata la indigencia de la exclusión que duerme en los soportales de la bancocracia que se ha adueñado de Europa. 

Recortes sin conciencia

Ningún noticiario abrirá con la miseria en la que cada día viven las almas que más sufren los recortes de Occidente. Ni con la verdadera crisis política, económica, alimentaria, ecológica y humanitaria que las instituciones que velan por el buen funcionamiento del capitalismo salvaje y despiadado están globalizando a países que contabilizan la mortandad infantil y las hambrunas con la misma frialdad con la que Occidente ejecuta sus políticas.



 Ni un solo partido político, sindicato o jerarca católico convocará una manifestación para protestar por el desajuste del mundo al  que los recortes de los países ricos condenan a los que sólo saben ser miembros pasivos de las atrocidades cometidas en los parqués bursátiles y en los consejos de dirección de las maquinarias financieras que parieron la crisis del modelo económico occidental, a costa de prestar un dinero que no tenían y especular con los ahorros de los occidentales menos pudientes. 

Los pobres no forman parte del mercado y siempre estropean los atractivos y modernos diseños tipográficos de los medios de comunicación. Ni votan, ni van a misa de domingo ni serán afiliados de ningún sindicato. No son rentables salvo para los recortes en el gasto público de los gobiernos europeos que llaman “crisis económica” a lo que es una crisis de conciencia producida por la codicia de usureros sin límites que a base de operar sin normas éticas han puesto en jaque  las economías más desarrolladas del mundo.

Nadie alzará la voz para denunciar que es tremendamente injusto e inhumano condenar a los más invisibles de entre los invisibles, que no conocen tiempo de bonanza y su crisis es perpetua, a pagar los platos rotos del casino financiero por  la avaricia a la que han jugado delincuentes con corbatas con la aquiescencia de la ideología política para la que la libertad sólo está reservada para los pudientes y para el dinero que éstos poseen.

Los “negritos de África” sólo son elegantes en los cínicos rastrillos y eventos en los que se compra y se vende la caridad navideña. Donde, a base de publicidad engañosa, nos convencen de que una niña congoleña necesita de una Barbie para ser feliz cuando lo que realmente se escenifica  es una demostración ostentosa de la riqueza que escupen señoras y señores que se visten con ropas fabricadas por la mismas niñas a la que van a enviar su Barbie.

Juguetes o apadrinamientos hipócritas con los que silenciar el resquicio de conciencia que aún conservan. Como si la población infantil desnutrida o comida por las moscas, con la que los famosos están encantados de fotografiarse, no tuvieran juguetes y juegos infantiles autóctonos mucho más educativos que una muñeca desalmada.

Nadie convocará una huelga general o de hambre, un pleno extraordinario, una misa en la Plaza de Colón ni ningún periódico dedicará un editorial para denunciar que los recortes de  los Gobiernos de España, Castilla La Mancha, Cataluña, Galicia o Comunidad Valenciana han eliminado de facto la ya miserable ayuda a la lucha contra el hambre y la miseria en el mundo. Nadie gritará para decir que África es en estos momentos una guerra sin cuartel en la que los dueños del planeta luchan por los “nuevos minerales” con los que diseñar y producir alta tecnología de la comunicación para la codicia de China, Estados Unidos o Europa.

 Ni que muchos dictadores tercermundistas reciben los mismos tratamientos bilaterales  que recibieron los dictadores de Libia, Egipto, Túnez o Siria por parte de los líderes internacionales que se sientan en el G-20 o en las cumbres europeas y que en ninguno de sus planes de ajustes se acuerdan de poner coto a la codicia de los bancos que han jugado, y juegan, al póquer con los sistemas sanitarios, educativos y laborales de negritos y blanquitos.

La justicia es como la libertad, o la poseemos todos o no la poseerá nadie. Por lo que mientras que los recortes para salir de la crisis económica en Occidente no tengan en cuenta que hay otro extremo del globo terráqueo que sufre nuestra insolidaridad e inconciencia en forma de raquitismo, paludismo, sida, desastres naturales o crisis alimentarias, seguiremos viviendo en un mundo condenado a una indefinida crisis de conciencia que debería avergonzar a quien se llama “primer mundo” por recortar sin conciencia.

Frijolitos con arroz

Con 22 años  viví la experiencia vital más importante de mi vida.  Aprendí que la pobreza extrema es injusta per se. Siempre.  Nadie merece la agonía de desconocer si su hijo  podrá comer en la próxima toma o si la infravivienda que habita sobrevivirá a las lluvias y voracidad de la climatología.



Nadie merece depender de la fortuna para  seguir sobreviviendo. Es radicalmente injusto que un niño tenga lonas de plástico como techo en su escuela;  que la  inexistencia de lápices, cuadernos o gomas de borrar  impida a una inocente criatura aprender a leer, escribir, sumar o restar o que niños y niñas con menos de cinco años carguen con cubos de agua que pesan más que ellos.

Era desgarrador  preguntar a Julito “¿qué desayunaste hoy?” y que él me respondiera “frijolitos con arroz”. Mismo menú para almorzar y cenar. Julito desconocía que su carta culinaria era la causante del raquitismo que lo tenía desnutrido y debilitaba su estado de salud, que sólo notaba mejoría cuando el todoterreno de los médicos voluntarios visitaba “El Hatillo” –núcleo residencial campesino con  paredes de madera, techos transparentes y suelos de barro y polvo- .

“Frijolitos con arroz”, pronunciado con la cadencia suave nicaragüense, son las tres palabras con las que recuerdo mi participación en la brigada de Jóvenes Voluntarios con América Latina.  Julito será ya un hombre. Sé que no habrá ido a la Universidad, como tampoco fue su hermano,  y que su destino será igual de injusto que el de sus padres.

De ahí que nada me produzca más indignación que  los gobiernos occidentales recurran a la reducción de las partidas presupuestarias destinadas a que los Julitos puedan comer algo más que frijolitos con arroz y que su futuro inmediato no dependa del cielo.

Es injusto que la crisis económica provocada por el mundo rico, que se creyó libre, rico y dichoso a base de pedir créditos bancarios que hoy no pueden pagar, sea la causa para suprimir la aportación a la lucha contra el hambre y la miseria en el mundo. Julito no lo entenderá. Yo tampoco.

 No puedo llegar a entender que una de las primeras medidas de  Juan Ignacio Zoido,  tras tomar posesión como alcalde de Sevilla, haya sido la supresión total de la aportación económica que el Ayuntamiento hispalense destinaba a cooperación al desarrollo. Tampoco encuentro el párrafo  en el ideario socialdemócrata que autorice a Zapatero a reducir en un 23 por ciento la solidaridad internacional.

Igualmente, me cuesta comprender qué habrá llevado al presidente de la Junta de Andalucía  a reducir en un 18 por ciento la Ayuda Oficial al Desarrollo.  Ni  entiendo ni quiero llegar a entender por qué Artur Mas piensa que para  superar la crisis en Cataluña es necesario reducir en un 55 por ciento la aportación que mide nuestra  sensibilidad,  conciencia y  humanismo.  

Es indecente convencer a los ciudadanos de que es una necesidad, para cuadrar nuestras cuentas públicas,  rebajar las cantidades  destinadas a la lucha contra la pobreza en el mundo. Afortunadamente, países como Noruega, Reino Unido y Dinamarca, pese a la crisis económica (y de conciencia),  piensan que es precisamente ahora cuando más hay que pensar en los más pobres de los pobres y que es injusto que los créditos del mundo rico lo paguen los Estados que viven en una crisis permanente.

Sé que mi discurso no vende ni convence. Es mucho más vendible “primero los nuestros y después los de fuera”, como pregonó el nuevo alcalde de Sevilla,  sin el más mínimo rubor en campaña electoral:  ultracatólico confeso  que  desfila su “corpus” bajo palio a la vez que desconoce que quitar a los que menos tienen no es ni cristiano, ni humano, ni justo, ni de hombres buenos. Julito, estate tranquilo, siempre nos quedará la Navidad. 

El cambio que quieres ver

En estos días seguramente hayáis visto o leído alguna noticia referida a la Cumbre de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) y os hayáis preguntado qué es esto del Milenio. No es futurismo. Los ODM nacieron en el año 2000 cuando 189 líderes mundiales firmaron la Declaración del Milenio, y se comprometieron a reducir a la mitad la pobreza y la desigualdad en el planeta para el año 2015. Por primera vez, se establecieron unas metas y unos indicadores cuantificables para poder evaluar su grado de cumplimiento. 






A simple vista, puede parecer una declaración utópica y que involucra exclusivamente a los gobiernos. Pero no. Es un acuerdo que nos compromete a todos y a cada una de las mujeres y hombres que habitamos el mismo trocito de espacio. Los Objetivos de Desarrollo del Mileniotienen que ser un compromiso cívico de todos, sin excepciones.

De su cumplimiento depende que nos podamos mirar al espejo como sociedad. No podremos llamarnos civilizados si seguimos permitiendo y callando ante la desolación de más de 2.000 millones de almas que viven en la pobreza más indigna posible. Es una vergüenza colectiva que no puede durar más.

Es un consenso de mínimos, pero importantísimo. Las metas son, entre otras, erradicar la pobreza extrema y el hambre, lograr la enseñanza primaria universal, promover la igualdad entre los géneros, reducir la mortalidad infantil, mejorar la salud materna, combatir el sida y otras enfermedades y apostar por la sostenibilidad del medio ambiente.

En Andalucía, del 13 al 17 de octubre celebraremos la Semana Contra la Pobreza que, lejos de ser una celebración florero, es la oportunidad que se dan a sí mismas las ONG’D, exportadoras de solidaridad, para hacer entender a los ciudadanos que su apoyo y concienciación son más importantes que los donativos que se dan bajo las luces de Navidad.

La solidaridad y la sensibilidad para con los que sufren no son, ni pueden ser, una fecha en el calendario. Tienen que ser, o no serán, una actitud permanente. Tenemos que hacer en nosotros el cambio que queremos ver. Sólo así edificaremos un mundo donde los mismos no sigan perdiendo contra los de siempre.

Somos la primera generación que podemos erradicar la pobreza en el mundo. Existen recursos suficientes. Los hombres y mujeres que nos comemos la porción de la tarta más jugosa debemos levantar nuestras voces para conseguir que la pobreza sea un mal recuerdo de la historia.

Podemos organizarnos en asociaciones, promover la educación para el desarrollo, incidir en nuestro ayuntamiento o en nuestra empresa para que dispongan partidas económicas a favor de la cooperación al desarrollo; podemos consumir responsablemente, liderar una Feria de Comercio Justo y favorecer, así, la comercialización de los productos de los países del Sur. Podemos, en definitiva, formarnos en política internacional, militar en ONG’D o crear grupos locales de solidaridad.

Es fácil. Sólo basta que pasemos del paternalismo y del sentimiento de pena a la acción. Todos nosotros, desde nuestra cercanía, podemos ser actores del cambio que soñamos en lo colectivo.

Faltan cinco años para evaluar qué hemos conseguido como humanidad. Las razones para empezar ya a corresponsabilizarnos son poderosas: 925 millones de almas pasan hambre; 100 millones de niños y niñas no acuden a la escuela primaria; existen 58 países donde las mujeres sólo ocupan el 10 por ciento de los escaños; 9 millones de criaturas mueren antes de apagar sus cinco velas; 350.000 mujeres fallecen por complicaciones durante el embarazo o el parto; cada día se infectan 7.500 seres humanos con el VIH; y, al año, mueren dos millones de enfermos de SIDA, mientras 884 millones de nuestros semejantes no disponen de acceso al agua potable.

En definitiva, el 80 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB) mundial nos lo repartimos entre 33 países. Los países ricos sólo dedicamos a la Ayuda Oficial al Desarrollo el 0,31 por ciento de los ingresos nacionales, muy lejos del 0,7 por ciento -igualmente mísero-.

Tenemos que acabar con la voluntariedad y asumir que es una obligación en la que nos va la calidad de nuestras sociedades. Debemos ser parte de la solución a este desajuste del mundo. Y es sencillo: haz en ti el cambio que quieres ver. ¡Pobreza Cero!

La homofobia dicta sentencia

Si eres tan desgraciado de haber nacido en Camerún, te pueden meter en la cárcel por maricón, por bollera o por travelo. Te contagian el Sida, te niegan la comida –porque ante la escasez, los animales no comen-; te violan o te propinan palizas hasta la extenuación. Y no protestes: eres maricón, bollera o travelo y te lo tienes bien merecido. Si eres abogado y consideras que has de defender los derechos de esta gentuza, ten cuidado porque puedes ir a prisión por crímenes contra la legalidad, contra la soberanía y contra la independencia de tu país. 


No obstante, si no eres de Camerún pero eres de alguno de los 70 países que penalizan las relaciones sexuales entre dos hombres o entre dos mujeres o vives en uno de los ocho estados que asesinan a sus ciudadanos por ser homosexuales o transexuales, también tienes premio.

Éstas son las moralejas que podemos extraer del calvario que en estos días está viviendo Alice Khom, una abogada camerunesa que fundó la Asociación para la Defensa de los Presos Homosexuales (ADEFHO) con el objeto de asistir jurídicamente a los maricones, bolleras y transexuales cameruneses que son extorsionados por las “fuerzas cívicas”.

Su condena la anunció el portavoz del Gobierno de Camerún en una televisión del país africano hace pocos días. El Ejecutivo que preside Philémon Yang considera que Khom ha “violado la ley, la soberanía y la independencia de Camerún”, por haber aceptado 300.000 euros provenientes de los fondos de cooperación de la Unión Europea para luchar contra la homofobia.

Actualmente, tal y como apuntó la propia Alice Khom en su visita a Andalucía el pasado año -y de la que se hizo eco Al Sur de Europa-, en Camerún hay 35 personas encarceladas por homosexualidad.

Sin duda, en esta república unitaria de África central la vida en prisión de la población LGTB es de todo menos humana. Los presos homosexuales y transexuales no pueden decir el motivo de su encarcelamiento a sus compañeros de presidio: de lo contrario, se arriesgan a ser violados y a “ser tratados peor que un animal”.

Uno de los clientes defendidos por Alice Khom fue violado e infectado por VIH. "Nadie lo cuidaba, ni le daban de comer, por lo que fui a hablar con el médico del centro penitenciario para exigir un trato digno a mi cliente”, relató la letrada camerunesa a Montilla Digital. "Ante mi exigencia, el médico me respondió que no tenía comida para las personas normales, así que mucho menos para mi cliente que, además, había sido violado e infectado por VIH en la prisión y que, seguramente, terminaría muriendo”.



Pese a todo, Alice Khom conserva la fuerza de la convicción. En un comunicado que ha hecho llegar a periodistas españoles nos ha pedido que traslademos a la ciudadanía que no se preocupen por ella. “Creo que seré arrestada en los próximos días, pero no voy a perder el sueño por esto y, sobre todo, no voy a abandonar lo que hemos comenzado juntos”, concluye esta admirable militante del amor y de la vida, a la espera de la sentencia que dicte la homofobia. 

En África se muere por amar

Alice Khom, abogada camerunesa
En el centro del continente africano, en Camerún,la homosexualidad y la transexualidad son un crimen. En contra de esa criminalización y en defensa de los presos homosexuales trabaja la Asociación para la Defensa de los presos homosexuales que dirige la abogada camerunesa Alice Nkon. Alice se convirtió hace 42 años en la primera mujer abogado de su país. En Tenerife ha relatado, en la I Conferencia de Derechos Humanos de las personas LGTB en África que organiza Fundación Triángulo Canarias, la cotidianidad de su trabajo, Ha narrado, igualmente, cómo las personas lesbianas, gais, bisexuales y transexuales conviven con la humillación y persecución por parte del Estado camerunés y son atacadas por las fuerzas de orden público.




Alice, no se comprometió en la defensa de la población LGTB por sentir en primera persona la discriminación sino "por dignidad y libertad para mi país”. Entendió que debía hacer algo no por ellos, "sino por nosotros, por los padre de lesbianas, gais y transexuales que quedamos esperando a nuestros hijos que marchan a vivir su afectividad fuera de nuestras fronteras, lejos de la humillación social” ha  afirmado en Tenerife. Alice, mujer negra y contundente que invoca la serenidad que aporta la madurez, la fuerza y la seguridad de quien lleva muchos años caminando por construir un Camerún más amable para lesbianas, gais, bisexuales y transexuales. 
En ese caminar, un buen día se presentó en el Juzgado e informó al funcionario que quería registrar una asociación para la defensa de los presos homosexuales. No fue fácil. Le aconsejaron que no apareciera la palabra homosexualidad en la nomenclatura de la organización, días más tardes recibió una carta en la que el juzgado le comunicaba que quería legalizar algo inmoral e ilegal. Finalmente, gracias su empeño y convencimiento, fue legalizada la asociación en la que trabaja incansablemente para defender a quienes son encarcelados por amar.
 
Actualmente, apunta Alice, en Camerun hay 35 personas encarceladas por homosexualidad. La vida en prisión de la población LGTB es de todo menos humana. Los presos homosexuales y transexuales no pueden decir el motivo de su encarcelamiento a sus compañeros de presidio, de lo contrario, se arriesgan a ser violados y a “ser tratados peor que un animal”. El Cliente nº11 fue violado en infectado por VIH, “nadie lo cuidaba, ni le daban de comer por lo que fui a hablar con el médico del centro penitenciario para exigir un trato digno a mi cliente”. Ante mi exigencia el médico me respondió que “no tengo comida para las personas normales imaginate para tu cliente, que además ha sido violado e infectado por VIH en la prisión y es seguro que va a morir” expresa Alice Nkom.
En Uganda vive, si se puede decir vivir estar a la espera de la aprobación por parte del Parlamento de Uganda de la ley que condenará a la homosexualidad con la pena de muerte, Kasha Nabagesera. De aspecto frágil, esta mujer lesbiana es la presidenta de la organización de defensa de los derechos LGTB de su país. Kasha, asegura sin titubearle la voz ni el gesto que “he sufrido violaciones por hombres que me esperaban para demostrarme cómo ser mujer”. Ha denunciado, también, la soledad de las mujeres lesbianas dentro del movimiento feminista ugándes, “en Uganda ser lesbiana es un estigma, y nadie quiere pelear por nosotras”. Kasha está convencida del papel que tiene que jugar la cooperación internacional en la extensión de los derechos humanos para lesbianas, gais, bisexuales y transexuales en África, “desde Uganda pedimos apoyo financiero, técnico y emocional”a los países y organizaciones LGTB que viven en unas condiciones de respeto e igualdad legal.

Derechos humanos a la carta


El Gobierno chino ha venido  a hablar de negocios. Con más de 1.300 millones de habitantes, la segunda potencia económica mundial, se ha convertido en la fábrica de bienes y servicios del mundo y un caramelo para las empresas transnacionales,  además de ser el banco del mundo.  Posee  la mayor cantidad de deuda soberana del planeta, es decir, es la que templa la voracidad de los mercados y la que dota de tranquilidad a los países en riesgos de caer en las garras de la especulación financiera internacional. Más del diez por ciento de la deuda que el Estado español tiene en manos extranjeras, está en depósitos bancarios chinos.
 Li Keqiang, viceprimer ministro chino,  ha sido recibido por lo más granado de los poderes económicos, bajo el paraguas del Gobierno exsocialista.   El resultado ha sido satisfactorio para ambas partes. Por un lado, la dictadura China no ha sido reprendida por violar sistemáticamente los derechos humanos (DD.HH) de sus habitantes; por otro, empresarios españoles y el ejecutivo de Zapatero han llegado a jugosos acuerdos económicos.
A los primeros, le han obsequiado con contratos privados por valor de  6.000 millones de euros en inversiones en el país asiático; al segundo, le asegura la compra de su deuda a través de la banca china, a costa de no abordar temas políticos con el Gobierno de la República Popular China.
Un silencio que acalla  el acoso que sufren los  abogados chinos que defienden los DDHH, a las víctimas de desapariciones forzadas y  a miles de disidentes torturados  y  sometidos a malos tratos.
Un mutismo que consiente la discriminación a los miembros de la etnia Uigur , los cuales han sido  detenidos por miles,  acusados de “terrorismo, separatismo y extremismo religioso” por reivindicar la dignidad y respeto legal que merecen hacia su grupo étnico.
 El cinismo, coparticipa también de la penosa situación que viven los padres que tratan de averiguar el porqué murieron sus hijos –hasta 20 días de arresto-, de millones de detenciones arbitrarias, innumerables restricciones a la libertad religiosa y prohibición a la entrada de turistas y periodistas a la región autónoma del Tíbet y la implacable censura de Internet.
Este tratamiento cateto y de subordinación dado al régimen chino, a cambio de millones de euros, ampara la vigencia de la pena de muerte, de la que se desconoce el número de asesinados por este método sanguinario. China guarda bajo secreto de Estado el número de chinos asesinados por su aparato represivo.  
En la relación bilateral con China, no  sirven los argumentos usados para condenar  a la dictadura cubana, al régimen iraní o a la democracia de cartón venezolana. Al parecer, a los Estados lo que realmente les importa es que el sistema económico, respete o no los derechos civiles, sirva para perpetuar un modelo capitalista feroz que considera la felicidad de los seres humanos un obstáculo para su fin.
Los vehementes defensores de la libertad en Cuba o en Irán se vuelven cobardes con China, Colombia, Honduras o Arabia Saudí. El silencio internacional hacia China, además de vergonzoso, es cómplice de la  dura realidad a la que están sometidos muchos chinos por pensar libremente.
Mientras tanto, los socialistas españoles han decidido apuntarse al tren de la hipocresía mundial. “Este tema no es objeto de diálogo bilateral, sino que se trata en el marco de la UE”, sostienen desde el PSOE, en un ejercicio supremo de cinismo político.
Mucho discurso de derechos humanos, alianza de civilizaciones, leyes de igualdad de trato y marketing electoral progresista pero, ¡poderoso caballero, don Dinero! Cuando llegue la hora de ir a las urnas y no encuentren el voto socialista de muchos ciudadanos defraudados con un gobierno que se vende de izquierdas y actúa como de derechas que busquen en las hemerotecas. A los que sólo tenemos principios, no nos persuade el dinero.  
En la defensa de los DD.HH no hay medidas. Ocurre como en el amor, o se ama o no se ama. No se puede querer a medias, como tampoco se pueden defender los derechos humanos a la carta.

Lazos Rojos en Europa


 Lazos rojos, colgados de balcones; en los medios de comunicación; en la solapa de una chaqueta; en el Ayuntamiento de tu ciudad; en la sede de la Comisión Europea o en tu lugar de trabajo, nos recuerdan hoy que celebramos el Día Mundial del Sida. Una guerra que libramos en todos los frentes, y que en la batalla de 2009 mató a más de 36 millones de almas, el 95 por ciento de éstos en países empobrecidos.

Esta tragedia humana también se libra en Europa. A pesar del ligero retroceso, gracias al acceso a los sistemas públicos de salud, al uso extendido del preservativo, y al lento pero progresivo nivel de cobertura a tratamientos antirretrovirales –sólo el 23 por ciento de los europeos tiene esta posibilidad- , la pandemia en el viejo continente sigue siendo un problema de salud pública.

Según datos de la Unión Europea, 10 europeos de cada millón mueren a causa del Sida. Portugal (63), Estonia (31) , Letonia (26) , España (24), y Rumanía (10), son los Estados miembros que más casos de fallecimientos presentan por cada millón de habitantes.

Estas muertes son evitables, en la mayoría de los casos. Para ello, es necesario conocer que somos portadores del VIH. Un 30 por ciento de las personas contagiadas no lo saben. Un 50 por ciento de los diagnósticos son tardíos. La detención precoz, para así poder optar al tratamiento antirretroviral, es vital. Nos va la vida en ello.

Las prácticas que presentan una mayor amenaza son las sexuales. Más del 77 por ciento de los nuevos contagios han sido por transmisión sexual. A través de vía intravenosa, la que se produce en entornos de drogadicción, se han enfermado el 8 por ciento de los nuevos europeos que poseen el VIH. La mayor parte de estos últimos contagios se producen dentro de las cárceles, y el mayor enemigo para estas transmisiones es la penalización del consumo de drogas. Los expertos abogan por “trabajar en la reducción de riesgos y no en prohibir el consumo”.

Para dar respuesta y ser parte activa en esta lucha, el Parlamento Europeo (PE) recuerda que “el acceso a la atención médica forma parte de la Declaración Universal de los Derechos Humanos” e insta a la Comisión Europea (CE) a que “redoble los esfuerzos” y aborde esta realidad como “prioridad sanitaria mundial”, dentro de la cooperación al desarrollo.

En virtud del apoyo que presta el PE a la lucha contra el VIH, ha organizado actos con motivo del Día Mundial contra el Sida, con actividades culturales y charlas con presencia de reputados profesionales socio-sanitarios. Los protagonistas han sido los afectados por el VIH/Sida. El objetivo de estos eventos es “dar voz a aquellas personas que sufren discriminación silenciosa y cotidiana”, afirma Ignacio Samper, director de la Oficina del PE en España.

Para conseguir que el mensaje llegue a los ciudadanos, Fundación Triángulo, con el apoyo de la Oficina en España del PE, ha elaborado un spot en el que han participado de manera desinteresada personalidades del mundo de la cultura, la televisión, el deporte o el espectáculo. Mónica Naranjo, Verónica Forqué, Víctor Ullate, Luján Argüelles, la eurovisiva Soraya, Peón Nieto o Ana Duato, entre otros muchos, han cedido su imagen para luchar contra la estigmatización e invisibilidad de las personas seropositivas. “El VIH puede no matarte, pero la discriminación y el rechazo sí”, expresaron las personas contagiadas por el VIH, durante la presentación de “VIHVO: la vida no retrocede”, título del spot.

Cada lazo que hoy veas buscará persuadirte para que seas consciente de que la clave están en el diagnóstico precoz. “Quiérete. Hazte la prueba. Usa el preservativo”, es el lema del Día Mundial del Sida en este 2010.

Desde el corazón de la cárcel

 Entusiasmo, deseos de calzarme zapatos ajenos para ver cómo se camina,  y miedo a la posible dureza del hábitat; al dolor emocional que me provoca la angustia humana. Identificación y paso de medidas de seguridad: puertas que abren y cierran de manera repetitiva hasta acceder al interior de la cárcel. Un último golpe fuerte y seco me adentraba en el corazón del Centro Penitenciario Sevilla I, donde conviven más de 1.200 almas que nacieron sin derecho a soñar. 

Sus vidas estuvieron, en su mayoría,  marcadas por la violencia, el analfabetismo, familias destruidas, drogadicción y hogares negados a imaginar. Condiciones no elegidas pero que les afectarían para siempre.
El sufrimiento se palpa con sólo  poner un pie en la prisión. A pesar de la crueldad del encerramiento, de saberse víctimas incomprendidas,  intentan adaptar las garras de la fatalidad a su rutina como si así se amarraran a la vida. 

Entre todos los hombres, en su mayoría jóvenes, hay uno que sin hablar demanda oídos y ojos. Pide ser escuchado. Es delgado, no mide más de 1,60 m de estatura, parece frágil y vulnerable. Está cicatrizado por la vida. 

Luce ojos hundidos, tristes y demandantes de oídos que escuchen. Está harto de oídos sordos. Busca miradas que miren. Sinceras.  Busca ser libre. Sus pupilas tienen ansías de calle y su mente espera  poner en práctica el aprendizaje al que ha llegado tras ocho años de encierro.
Inspira protección y confianza. Sí. Inspira confianza. Trato de comportarme para que  me sienta cercano y cómplice de sus sueños. No le pregunto el delito. No me importa. No quiero saber su pasado. Sólo me interesa su presente y su futuro. 

Mientras dialogo con Rafa un ensordecedor murmullo de gente nos acompaña. Comenzamos hablando de la soledad. Le pregunto si alguna vez la ha sentido dentro de prisión. Su respuesta me eriza el ánima: “cada día, en cada momento, a todas horas me siento solo”, sentencia. 

No obstante,  dice haber hecho amigos.  Asegura que “aquí” se hacen “amigos y de los de verdad”. Cuando alguno de sus apoyos sale en libertad  siente felicidad por ellos y esperanza por él. Tiene un dicho que ha fabricado en la prisión: “Felicidad para unos, esperanza en salir para otros”, frase que suena en su interior siempre que ve marchar hacia la libertad a otros.

Nunca recibe visitas. Tiene una hija de cinco años a la que sólo ha visto una vez, unos amigos que le han demostrado que nunca lo fueron, unos padres que no ejercen y nueve hermanos que ya tampoco lo son.
Le quedan dos años para acceder a la libertad definitiva aunque confía en disfrutar de la libertad condicional, en unos meses, que le permitirá ir tomando, poquito a poco, el pulso a la libertad. Sus compañeros de presidio le son conocidos. Jugaron juntos de niños en el barrio. Un barrio castigado por la marginalidad. Amurallado por la invisibilidad de una ciudad que se dice elegante y bella. 

Ya no tengo temor ni nervios. El dolor de Rafa es mayor que cualquiera de los que yo pudiera experimentar. Me despedí afectuosamente. Quedó cenando. Alimentando el anhelo de abrazar a su hija y disponer de una oportunidad para intentar ser feliz. ¿Conseguirá hallar el camino de la felicidad? Lo deseo con todas mis fuerzas.

Siento sonrojo y pesar de pertenecer a una sociedad que no aprendió a resolver los conflictos de otro modo que no sea encerrando a los que no se adaptan a la norma social. Rafa mañana seguirá cuidando con esmero su estudio de radio. De su ternura depende su hilo con el exterior. La radio es su contacto con la libertad.

Níger se muere de hambre


Níger se muere de hambre. La ONU dejará de proporcionar alimentación a familias con hijos de más de dos años, debido al déficit que sufre el Plan Mundial de Alimentos (PMA) que gestiona. Las familias a las que seguirá atendiendo recibirán la mitad de los cereales necesarios para su nutrición,  50 Kg al mes para una familia media de siete miembros.
Níger  es el país más pobre del planeta, siete millones de personas viven con la sequía más grave que se recuerda y entre la indiferencia del mundo rico al que le acecha una crisis de conciencia.
En medio de este drama, los gobiernos europeos han disminuido las aportaciones económicas destinadas a reducir la pobreza.  Las zonas afectadas por estas medidas insolidarias no son los parqués bursátiles, ni a sus habitantes les ahogan los nudos de las corbatas, les ahoga el hambre, la injusticia y la desigualdad.
Sin ir más lejos, el Gobierno de España ha recortado en 600 millones de euros la partida presupuestaria dedicada a la Cooperación al Desarrollo, rompiendo la línea ascendente de los últimos seis años, donde España ha pasado del 0,23% del PIB en el año 2004 al 0,47% en el 2010, aunque aún muy  lejos del soñado 0,7%.
La Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD)  no puede depender de si vivimos bonanza económica o no; debiera ser un imperativo ético y moral; una obligación cívica con quienes viven en crisis permanentes.  No puede ser que lo primero que caiga en tiempos de vacas flacas sean los valores, la solidaridad y la conciencia de un país. 

Gol al compromiso





Queda prohibido desconocer  el porqué hoy no se habla de crisis, ni de violencia de género, ni de pobreza, ni de desempleo, ni de déficits ni planes de ajuste, ni del gobierno ni la oposición, ni de corrupción, ni de crisis, etc. Quien desconozca la causa del optimismo que vive hoy este país puede ser considerado un extrarrestre, un antipatriota o miembro de algún servicio extranjero de espionaje. ¿Qué aún no sabe que la selección española de fútbol, que no España, le ha ganado a la selección alemana, que no a Alemania, y por ello jugará la final del Mundial de Sudáfrica junto a la selección de fútbol holandesa, que no a Holanda? Hágase el sueco, si es el caso, le puede resultar peligroso.
Los mundiales de fútbol se han convertido en el gran vehículo de los nacionalismos, de los extremismos justificados por una bandera o un territorio. Los que nunca cogieron bandera o símbolo patrio alguno, durante estos días están sufriendo una metamorfosis, y los asiduos a lucir símbolos patrios estos días se sienten fuera de lugar, no son especiales, son uno más de la masa, la bandera ya no es suya, ahora es de todos. Pero, ¡cuidado!, que a nadie se le ocurra lucir una bandera catalana, vasca o andaluza,  porque automáticamente serán tachados de nacionalistas periféricos, disgregadores, anticonstitucionalistas, independentistas, traidores, radicales, etc.
En Perú cuatro compatriotas, que llevan la a los ciudadanos en el alma sin importarles las banderas que los envuelven han sufrido un accidente mortal mientras participaban en el Mundial de la lucha contra la pobreza. Esas cuatro ciudadanas, jóvenes, solidarias, compatriotas, pero sin banderas visibles, no han sido dignas de un tratamiento patriótico por los medios de comunicación, ni por el Gobierno de España –el de todos los españoles-. Estas chicas han sido eliminadas en la fase preliminar de sus vidas, justo en el momento en el que proyectaban su modelo de felicidad. Que cuatro chicas jóvenes, raras, solidarias, que creen que aquí nos preocupamos de cosas que no son importantes, comprometidas, justas, patriotas –en su acepción de  hacer humanidad-, hayan muerto mientras exportaban humanismo no compadece a nadie, no llama la atención. Sus muertes no han sido ni siquiera un breve en la prensa española, demasiado ocupada en entrener a las masas.
Hoy siento vergüenza de un país que honra a jóvenes millonarios, exitosos a ojos de la mayoría porque ocupan portadas, telediarios, programas de TV, conversaciones y que son los encargados de vehicular el sentimiento de pertenencia a una nación. La selección española de fútbol es la causante de este falso optimismo que ha inundado al país, y serán los culpables si no cumplen con las expectativas que su país ha depositado en ellos y de la tristeza generalizada.. Sin embargo, Lorena Herreno, de 27 años, Lidia Monjas, de 36 años, Soraya Masías González y María José Such, ambas de 30 años de edad no han sido merecedoras del sollozo de una sociedad ni de una mísera portada mediática.  Este es el estado de nuestras conciencias que permite que los gobiernos reduzcan la aportación económica a la lucha contra la reducción de la pobreza mientras su selección española de fútbol celebre goles y así nos ayude a no pensar en qué sociedad estamos construyendo a golpe de injusticias.


El alto precio de la libertad

Aspecto aniñado, no mide más de 1,60, expulsa emoción en cada fonema que pronuncia, vertebra su discurso coherentemente, bromea en algunos de los pasajes de su narración, para y respira, en otros. El auditorio, veinte jóvenes cooperantes de su misma camada, está humanizando los telediarios.

El delito de Jonathan es haber defendido, cívicamente, la democracia en su país natal, Honduras. El 28 de Junio de 2009, acompañado de su pareja, tenía pensado depositar su voto a favor de la reforma constitucional que planteó el presidente legítimo hondureño, Manuel Zelaya. No pudo hacerlo. 


Los informativos radiofónicos, que oía cada mañana nada más despertar, le comunicaban que el mandatario hondureño había sido derrocado por un golpe militar y obligado a volar hacia Costa Rica. Su papeleta de voto nunca pudo ser depositada en la urna, ni la de los tres millones de hondureños que las encuestan pronosticaban votarían a favor de la propuesta de modificación constitucional.

Nunca antes Jonathan se había manifestado, sin embargo, esto le pareció muy grave y decidió junto a Renald, bajar a la calle a exigir la reinstauración de la democracia y del presidente Zelaya. Lo comentó con su novio, éste, reticente, en un primer a acompañarle. Jonathan lo tachó de cobarde, finalmente ambos ocuparon las calles de Tegucigalpa y formaron parte de la Resitencia Hondureña al Golpe de Estado. 


Durante meses, vivieron con el miedo a ser tiroteados, a cada asesinado a tiros por el ejército las probabilidades que el próximo fuera uno de ellos aumentaban. El temor hacia acto de presencia, cada día, en cada nueva marcha, pero siempre se decían asimismo, “mañana estaremos aquí de nuevo, a defender a mi país y la dignidad de mi pueblo”, ni el desfile de civiles asesinados pasando por delante de sus ojos restaron fuerzas al deseo de luchar por la libertad de su patria.

Pasaban los meses. Manuel Zelaya no volvía a la Presidencia de la República y Roberto Micheleti, el golpista, seguía siendo Presidente de Honduras. Además, se habían convocado elecciones para Noviembre, una farsa internacional en la que tan sólo participó el 40% y que ganó el ultra-derechista Porfirio Lobo, sucesor del golpista. Los medios de comunicación internacionales habian legitimado la consulta, y la comunidad internacional, que en un primer momento había aislado al régimen golpista, admitía los resultados electorales y retomaba las relaciones diplomáticas con Honduras. Jonathan no pudo votar tampoco este día, lo habían censado a 325 Km de su domicilio legal.


 La legitimación, bajo la escenificación de una elecciones aparentemente democráticas, del régimen era ya una realidad y la posibilidad de que Zelaya volviera al poder, y con él la democracia a Honduras era algo impensable. Jonathan y Renald decidieron retomar su vida, sus sueños, y guardar las banderas, al menos de momento.

Proyectaron viajar a visitar a sus respectivas familias, para celebrar las navidades, que vivían lejos de la capital de Honduras, Tegucigalpa. Marcharían el mismo día, el 24 de Diciembre, cada uno a su ciudad de origen. Jonathan cambió de planes y se iría el 23 de Diciembre para ir con más calma. Renald se quedaría sólo en su apartamento de pareja en el que residían en Tegucigalpa, por motivos laborales. Jonathan y su camarada de sueños nunca más se volverían a ver.

Jonathan tomó un autobús para ir a su ciudad. Cuando lleguó llamó, como de costumbre, a Renald. Nunca consiguió hablar con su camarada de sueños. Renald yacía en la cocina del apartamento conyugal, atado de pies y manos, y golpeado hasta más no poder. La casualidad quiso que Jonathan, en contra de lo previsto, viajara un día antes. El plan era matarlos a los dos. Renald no contestaba al teléfono y Jonathan en su interior sabía qué había ocurrido.Una llamada confirmaba a Jonathan que Renald había sido asesinado. El regreso, tras ocho horas de viaje, a Tegucigalpa debía ser inmediato. Pidió a su padre que le acompañase.

Si no es bastante crueldad segar los sueños de una pareja joven y de un muchacho de sólo 22 años, una organización de defensa de los derechos humanos le informa que la policía pretender culpar a Jonathan del asesinato de Renald. La misma organización, le pone en alerta e informa de que su integridad física estaba en peligro. La policía lo está buscando, puede ser el próximo en morir, le anuncian.


 Su libertad pasa a ser custodiada por dos guardaespaldas, de día y de noche, no puede transitar por la calle en solitario, le tienen que registrar los sitios adónde va, el coche antes de montar, no puede dormir en el mismo lugar dos noches consecutivas. Su final estaba planeado.

Le proponen que viaje hacia España y, al llegar a Barajas, le explique a la policía qué le sucede y solicite asilo político. No quiere, no desea renunciar a su país, no quiere regalarle la victoria  a los golpistas, su dignidad y la de su pueblo no le animan a refugiarse en España. Los defensores de Derechos Humanos le presionan, un día sí y otro también, empieza a tener verdadero miedo a ser asesinado, su vida había dejado de ser vida, así no podía seguir viviendo.

Acepta exiliarse. Antes de coger un vuelo hacia Madrid, visita la tumba de Renald y le pone flores. Se despide de él, y le promete que luchará siempre porque se esclarezcan las circunstancias en qué se produjo su asesinato y que los culpables paguen. Ni olvida ni perdona. No puede partir desde el Aeropuerto de Tegucigalpa, puede ser detenido por la policía. Sale desde otro aeropuerto hondureño con menos seguridad. Lo único claro que lleva en su huída es que cuando aterrize en España debe decirle a la policía quién es y por qué se encuentra allí. La Comisión de Ayuda al Refugiado (CEAR) lo espera para protegerlo en España. Una vez aquí su destino es Extremadura.

Han pasado cinco meses desde que puso las flores a Renald en la tumba, cada día lucha por reconstruir su vida y ser feliz. Incluso estando aquí recibe mensajes amenazadores de que van a matar a su familia. En España se encuentra esbozando la silueta de su futuro lejos de su querida Honduras. Alto y claro afirma que no desistirá en exigir “reparación, justicia y verdad” a las autoridades hondureñas. Este joven valiente afirma que “es lo menos que puedo pedir, me han destrozado la vida”. En Extremadura se siente querido y arropado, a pesar del poco tiempo que lleva ya tiene amigos y gente a la que quiere y que le quieren. Es fácil quererlo.



Alicia Gámez, una mujer distinta



Funcionaria de los Juzgados de Instrucción Nº26 de Barcelona, 35 años, separada y sin hijos. Tras esta descripción,  podría esconderse cualquier persona considerada como una triunfadora de su tiempo. Si le sumamos que cuando sale de los juzgados se dedica a trabajar en proyectos de cooperación y forma parte de la ONG Acció Solidaria que cada año, a través de su caravana, reparte solidaridad en forma de medicamentos, alimentos y material de primera necesidad en África Occidental,  el resultado es una mujer distinta.
Alicia Gámez, ha protagonizado la noticia que llevamos esperando  101 días, el tiempo que ha estado retenida junto a sus compañeros, Albert y Roque, por Al Qaeda en Mali. Bien podría haber venido abatida por el dolor, el sufrimiento, el victimismo que da saberse víctima de un secuestro cruel, pero no, es una mujer distinta. Sabe que no ha sufrido más que  la población mauritana beneficiaria de su altruismo.  Es consciente, que a diferencia de los mauritanos, ella sí se puede acoger al derecho a soñar. Se cree afortunada, y lo es.
Su expresión, al bajar del avión, de ternura, la elegancia que le regala su sencillez, su bella cara sólo adornada con su ternura, su sonrisa agradecida, su caminar pausado como si así se agarrara, despacito, a la libertad recién recuperada, los abrazos que regaló y que le regalaron, la dulzura en cada gesto, la fragilidad que invoca, y la petición a los medios de comunicación de “paz y tranquilidad para estar con su familia” denotan a una mujer distinta..
Junto a su frágil, dulce y templado aspecto decorado de sencillas zapatillas, vaqueros y cara despejada, se esconde la fortaleza de para quien la felicidad no se codifica en un trabajo estable generosamente remunerado ni vivir en un entorno económicamente desarrollado. Su felicidad tiene otros códigos, su  felicidad reside en crear felicidad, en comprometerse en la lucha por construir un mundo donde el Derecho a ser feliz sea el principal de los Derechos Humanos.
Alicia, a través de su tímida y delicada sonrisa, se ha convertido en la representante de miles de cooperantes, que, en condiciones duras, jugándose la vida y eximiéndose de  ser un ávido cumplidor de la norma social dominante exportan al mundo otra manera de ser patriota. Sus banderas no tienen colores, sus himnos carecen de letras y música, y el modo de engrandecer a su patria no es izando banderas  vacías de contenido, sino exportando lo mejor que un país puede exportar, la solidaridad. Su ejército es la paz,  sus armas  la palabra y la humanidad, y como principal misión; curar las heridas de la injusticia, que han producido muchos falsos patriotas.

DESDE EL INTERIOR DE LA CÁRCEL

Ilusión, entusiasmo, trabajo, miedo. No miedo a quién allí me iba a encontrar, sino miedo a no soportar la dureza de la experiencia, horror a que el dolor emocional que me provoca el sufrimiento de los seres humanos me paralizase. Identificación, superación de medidas de seguridad, una tras otra, hasta tres consecutivas. Miradas de funcionarios, más acostumbrados a creerse enemigos que compañeros de las personas presas, y muchos nervios, y más miedo aún. Un miedo nacido del miedo a defraudar a los principios predicados, y a no poder cambiar la situación de quienes allí habitan.
CENTRO PENITENCIARIO SEVILLA I, es la nomenclatura que marcaban las señales que nos dirigían hasta la Cárcel de Sevilla. Parece como si a medida que iba acercándome a la prisión, la realidad de la calle fuera una metáfora con la situación de dentro de la cárcel. Más cerca de la cárcel, menos ciudad, más lejos de la realidad mundana que pisamos en el día a día.
Se abren puertas enrejadas, otras se cierran, así hasta que perdí la cuenta de cuántas puertas superé para acceder al interior del Centro, allí donde también conviven de manera regular miles de corazones desarmados del derecho a soñar desde que nacieron. Ya en el nacimiento, el sitio que la vida les otorgó para vivir, la familia en la que nacieron, y el contexto donde crecieron les recordaba el futuro que les esperaba: Maltrato, violencia física y psicológica, pobreza, analfabetismo, vidas rotas en hogares destruidos, negados a imaginar y penas privativas de libertad como recompensa de esta sociedad a sus condiciones que nunca eligieron, y sin embargo serán perpetuas.
El sufrimiento humano, se palpa sólo con poner un primer pie en la cárcel. A pesar del dolor desgarrador que causa el saberse víctimas sin comprensión, intentan adaptarse, adaptar las garras de la fatalidad a su rutina, como si así se amarraran a vivir, aunque sin sueños. ¿Se puede vivir sin soñar?
Kiko es delgado, bajito de estatura, vulnerable, marcado por la vida, ojos hundidos, tristes y demandantes de oídos que escuchen, harto de oídos que oigan. Buscan ojos que miren sinceros, ansías de calle, de gozar con una segunda oportunidad donde poner en práctica el aprendizaje al que ha llegado tras ocho años encerrado entre rejas. Inspira protección, y confianza. Sí, inspira confianza.
¿Has sentido la soledad alguna vez en la prisión, Kiko? Le pregunto. “Cada día, en cada momento, a todas horas me siento sólo, Raúl” respondió. ¿Se hacen amigos aquí, Kiko? “Sí, y además si aquí haces amigos son de verdad”. ¿Qué sientes cuando uno de tus apoyos emocionales sale en libertad? No duda ni un instante: “Felicidad por ellos, pero vuelta a empezar. Yo tengo un lema: FELICIDAD PARA UNOS, ESPERANZA PARA OTROS. De la cárcel se sale, y eso nos da esperanzas a seguir, con el pensamiento de que un día saldremos".
A Kiko, lo dejé allí en su estudio de radio que mima con esmero, sintiéndose un desgraciado incomprendido. Nunca recibe visitas, tiene una hija que en cinco años sólo la ha visto una vez, una esposa que dejó de serlo, unos amigos que demostraron que nunca lo fueron, unos padres que nunca van a verlo, nueve hermanos que no sabe si cuando salga aún lo serán, y la ausencia al entierro de uno de sus 10 hermanos. Eso sí, Kiko, aguarda con esperanza su salida en libertad, le quedan menos de dos años para salir en libertad definitiva, aunque confía que en unos meses el Juez de Vigilancia Penitenciaria le conceda la libertad condicional, y poder empezar a disfrutar de salidas al exterior, que tras ocho años, dice,  no conocerá ni su barrio. Por cierto, casi todos sus compañeros de presidio son niños con los que jugaba en su barrio, las 3000 viviendas. Un barrio castigado por la marginalidad,  la pobreza, amurallado por el muro de la invisibilidad de una ciudad que se dice elegante y bella.
El miedo al dolor emocional se me esfumó. El dolor de Kiko, es mayor que cualquiera de los yo pudiera experimentar. Toca ser fuerte, para seguir trabajando para que él y sus compañeros aprendan una cosa que se les olvidó aprender, o mejor dicho nunca le enseñaron, EL DERECHO A SER FELIZ.
Me despedí, quedó cenando, alimentando el sueño de ABRAZAR A SU HIJA, y ejercer la segunda oportunidad que merece, para poder llegar a ser feliz. ¿Lo conseguirá? Lo deseo con todas mis fuerzas. Siento una absoluta vergüenza de sentirme miembro de una sociedad que en dos mil años no aprendió a resolver los conflictos sociales de otro modo, que no sea el de encerrar a aquellos que dan problemas.

EL MÉDICO DE LOS QUE NO PUEDEN ELEGIR.


Hoy, como cada día he ido a comprar la prensa. La curiosidad que me acechaba no era la de otros días. Tenía la imperiosa necesidad de saber quién es, qué le mueve y qué le inquieta al Dr. Pedro Cavadas, cirujano artífice del primer trasplante de cara de España, y primero del mundo en mandíbula y lengua.

¿Os preguntaréis, desde cuándo te gusta a ti la medicina? Pues sinceramente, nunca me gustó el mundo de bisturís y batas blancas, pero sí me atrajo desde siempre el amor hacia el ser humano. Y precisamente, este amor es lo que me ha llevado a indagar sobre este médico, por el ejemplo de humanitarismo y de respeto a la “dignidad humana”.

Al verlo en los medios, bien nos podíamos haber confundido en su identificación como cirujano de éxito, pues no cumple con el “rol” de médico de élite: no lleva traje de chaqueta, ni viste bata blanca, ni utiliza el argot sanitario, ni su discurso es frío e inteligible. Viste como podría ir un joven idealista, que accede a la facultad de Medicina con el único propósito de cambiar el mundo, de mejorar la situación de los que más sufren y trabajar en favor de “los que no pueden elegir”.

Seguro que esos fueron los valores que le llevaron a entrar en la Facultad y los que le mueven a ejercer su profesión a Pedro. En un mundo plagado de médicos elitistas y clasistas que ven al paciente como un cliente y negocio y políticos para los que la sanidad pública es una “carga fiscal”, y una oportunidad de privatización para abrir aún más el “libre mercado” (no sé el porqué de llamarse libre mercado, pues no hay libertad para acceder al mercado para todos).

O Vemos que Barack Obama no es capaz ni de poner de acuerdo a los demócratas (sus compañeros de partido) para poder aprobar una ley que universalice los servicios sanitarios para que los más pobres de los pobres queden amparados por un sistema nacional de salud. Entre tanto desconcierto es emocionante ver a un médico que bien podría lucrase de sus conocimientos e inteligencia o dar la imagen de “hombre serio y cabal” con traje de chaqueta y corbata, y verbalizar un lenguaje propio de su profesión. Cavadas hace todo lo contrario.

Crea una fundación que entre sus objetivos tiene “proporcionar cirugía reconstructiva moderna a pacientes desfavorecidos de países africanos”;  organiza campañas quirúrgicas en Kenia,  los casos complejos son traídos a España para ser operados en “condiciones óptimas”. Encima se atreve a hablar de dignidad, de respeto al paciente, de derecho de a la intimidad del donante y el receptor.

Un comportamiento cívico y ciudadano modelo no ya sólo para la profesión sanitaria.  Una lección de humanidad y humanitarismo, de compromiso en una manera de entender el mundo, y lo que es más importante, que desde lo concreto y lo cercano, desde su posición es donde empieza el cambio que quiere ver y el mundo con el que sueña.

Sin duda, una demostración más de que la sanidad pública es la única que garantiza la igualdad, la profesionalidad más exquisita, los mejores medios y profesionales, y la que tiene como fin a los que no pueden elegir. El Dr. Pedro Cavadas bien podría ser candidato al Premio Príncipe de Asturias, o a algún otro reconocimiento social, aunque creo que para Pedro el verdadero reconocimiento es el de ver a sus pacientes, en África o en España, con “dignidad humana”.